viernes, 2 de agosto de 2013

DE LAS ASPIRACIONES DE LOS DIALOGANTES

Foto de El Tiempo

El titular de El Tiempo reza así: “Las Farc piden cupo directo al Congreso” (http://www.eltiempo.com/politica/proceso-de-paz-las-farc-quieren-cupo-directo-en-el-congreso_12966883-4). Pero no sólo esto. Los guerrilleros colombianos también quieren tener sus propios medios de comunicación y que estos sean pagos con dineros públicos. Y aunque parezca un mal chiste, desde La Habana se dicen/exigen todas estas cosas sin una pizca de rubor.
Quiero, como creo que quiere mucha gente en Colombia, que el conflicto armado en el país termine. Pero la pregunta que todos nos debemos hacer es cuánto estamos dispuestos a hacer, cuánto estamos dispuestos a ceder para lograrlo. Porque sin duda alguna la cacareada paz no va a llegar sin antes habernos “tragado un sapo”. Y si bien es cierto que apenas se está en la etapa de negociación y por ende aún no hay un acuerdo, lo que se oye desde Cuba preocupa y preocupa mucho.
Probemos una hipótesis. El gobierno y las FARC firman un acuerdo de paz que permite a los miembros de la guerrilla –claro, a los del secretariado y sus amantes, como es el caso de la holandesa, porque los guerrilleros rasos probablemente ni siquiera logren acercarse a Bogotá- obtener un cupo directo en el Congreso –que como están las cosas hoy es pasar de una posición delictiva ilegal a una posición delictiva legal- y además tener acceso a medios de comunicación pagos por el Estado (importante la promoción de la televisión pública).
¿Estaríamos de acuerdo con esto? ¿Diríamos sí a un acuerdo que, sin garantizarlo del todo, acaba con el conflicto, pero violenta el poco sentido de justicia que aún nos queda? (Y digo poco porque los políticos colombianos, clase inmunda que se burla del pueblo con cinismo irritante, ya menguó dicho sentido). El sapo no es pequeño, es por el contrario grande, inmenso. La cosa es si nos lo vamos a tragar.
Por lo pronto se sabe que los diálogos se van a extender hasta más allá de las elecciones presidenciales del próximo año, ya que éstos son el “caballito de batalla” del Sr. Santos (podría decir que de los dos que más conocemos: Francisco alías “el hijo tonto de Hernando”, y Juan Manuel, alías “chucky”, como le dicen algunos, pero hablo del que es Presidente). Con el cuento de que un probable acuerdo de paz sólo es posible con el actual presidente, Juan Manuel Santos aspira a reelegirse.
¿Qué nos espera? No sé, pero nada bueno seguramente. Mientras la acción política siga en manos de unos imbéciles como los que están en el Congreso –cuyo impulso a la acción surge por su ambición voraz e insaciable-, mientras unos guerrilleros que afirman, también sin rubor, que su deseo es la justicia en para los colombianos, pero exigen no pagar por sus crímenes, nada bueno nos depara el futuro.

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